El arte del tejido es quizá, de entre todas las prácticas artesanas, la que mejor narra la historia humana. Existen pruebas de la existencia de paños tejidos hace diez mil años, durante la era neolítica. Tan pronto como los humanos descubrieron el código para entretejer hilos, se puso en marcha una cadena de acontecimientos que condujo no solo a la industrialización, sino también al pensamiento empírico e incluso al desarrollo de la tecnología informática..
Desde el principio de los tiempos las mujeres han buscado estar bellas y sacar el máximo partido a su figura. En la actualidad también los hombres cuidan su aspecto y su lencería, pero la corsetería, que actualmente se adapta a ambos sexos, ha sido un complemento con en el que las féminas de la historia han encandilado con su figura a cualquier varón.
La invención y el primer desarrollo de este arte deben atribuirse a los babilonios porque de Mesopotamia surgieron los bordados más famosos de la Edad Antigua, así como de Egipto, los tejidos finos y la alta tapicería de los setos para decir a Plinio que el telar egipcio había derrotado.
Teñir telas con pigmentos naturales es una opción ecológica para evitar utilizar tinturas químicas que a menudo resultan toxicas al sistema respiratorio y piel. La naturaleza nos ofrece alternativas para extraer colores de forma natural, tanto de origen biológico como vegetales, frutas, flores o especias o de origen mineral.
Para teñir telas de forma natural hay que tener en cuenta que los colores se oxidan con el tiempo y cambian su tonalidad, se necesitan agregados llamados mordientes para fijar el color y algunas telas requieren de un proceso de preparación y conservación del color más complejo. Las telas más comunes para teñir son el algodón, lino, seda y lana.